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Mesa de madera al sol junto a la ventana con material médico: portapapeles, gafas de protección, termómetro, gasas y pastillero

Preparacionismo

El botiquín de primeros auxilios: fundamento de la seguridad familiar

Lo que tiene que haber en casa antes de que haga falta

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¿Sabrías qué hacer si esta noche, Dios no lo quiera, tu hijo aparece en la cocina con la ceja abierta? Esta noche: no el mes que viene, cuando ya te hayas «informado un poco». El aceite salta, el cuchillo resbala, la barbacoa escupe una chispa, la bici frena donde no debe. Los accidentes no piden cita, y rara vez eligen el monte: eligen la cocina, la escalera y el jardín, que es donde de verdad pasamos la vida.

Hombre prevenido vale por dos, dice el refrán, y en pocos asuntos vale tanto como en este. Porque en los primeros minutos de una urgencia no hay médico, ni enfermero, ni socorrista: estás tú, y lo que tengas en casa.

En LauroClub vamos a conseguir que lo que tengas en casa sea un botiquín de verdad, y no esa caja de galletas llena de tiritas sueltas que ahora mismo estás recordando con cierta mala conciencia.

Un padre pone una tirita en la rodilla de su hijo, sentado en la encimera de la cocina

Lo que tienes que saber sobre los primeros auxilios

«Primeros auxilios» es un nombre solemne para algo muy sencillo: lo que haces tú, con tus manos y con lo que tienes a mano, en el rato que pasa entre el accidente y la llegada de quien sabe más que tú.

Ese rato es el que es. Si vives en una capital, la ambulancia tardará lo que tarde el tráfico; si vives en un pueblo, el rato puede hacerse largo; y en LauroClub escribimos también, y con mucho gusto, para los que viven en un pueblo. Nadie te pide que sustituyas al médico. Se te pide algo más modesto y más serio: que esos minutos no los pases mirando, con las manos vacías.

Los socorristas lo resumen desde siempre en tres letras, PAS: proteger, avisar, socorrer. Primero proteger, que significa no fabricar una segunda víctima: apartar la sartén, cortar la corriente, señalizar el coche. Después avisar: el 112 atiende en toda España a cualquier hora, envía lo que haga falta y, si mantienes la calma al teléfono, te irán diciendo qué hacer mientras llega. Y solo entonces socorrer, con lo que sabes y con lo que tienes. Fíjate bien en el orden: llamar va antes que actuar, y actuar sin haber protegido no es de valientes, es de imprudentes.

¿Y para qué escenarios te preparas? Cuando pienses en tu botiquín, piensa en tres escalones:

  1. Lo cotidiano: cortes y rozaduras, quemaduras leves, picaduras, un golpe jugando, fiebre a deshoras.
  2. Lo serio: cortes profundos, quemaduras de segundo grado, esguinces y torceduras, una reacción alérgica que no pasa sola.
  3. Lo grave: hemorragias importantes, quemaduras extensas, fracturas, reacciones alérgicas severas.

La mayoría de las casas se quedan a medio camino del primer escalón: tiritas variadas, un antitérmico caducado y mucha voluntad. El objetivo de este artículo es que la tuya cubra los dos primeros con soltura y no se quede muda ante el tercero.

Antes de comprar nada, tres consejos de intendencia que valen más que cualquier compra:

Material de curas ordenado sobre una mesa: tijeras, esparadrapo, gasas, pinzas, imperdibles, vendas y antisépticos

El botiquín no es el cajón de las medicinas. Una cosa es donde guardas el tratamiento del abuelo y el ibuprofeno de diario, y otra el equipo de urgencia: completo, ordenado y siempre en el mismo sitio, conocido por todos los adultos de la casa. Si para dar con las gasas hay que remover tres estantes, lo que tienes no es un botiquín, es un escondite.

El cuarto de baño es el peor sitio de la casa. Justo donde lo guarda todo el mundo. Calor y vapor a diario estropean medicamentos y apósitos; mejor un armario alto en lugar seco, dormitorio o pasillo, fuera del alcance de los pequeños pero sin candados que luego nadie sabe abrir con prisa.

Revísalo cuando cambies la hora. Dos veces al año, marzo y octubre: el cambio de hora te hace de recordatorio gratuito. Caducidades fuera (los jarabes abiertos duran poco; mira el prospecto), lo caducado al punto SIGRE de tu farmacia, y lo gastado se repone en el momento, no «cuando baje al pueblo». Un botiquín sin reponer es un botiquín que ya ha fallado, solo que todavía no lo sabes.

Y una verdad incómoda para terminar: el mejor botiquín del mundo no sabe usarse solo. Unas manos que han practicado una cura con material corriente valen más que un maletín carísimo en manos que tiemblan. Por eso la recomendación más importante de esta página, ya lo verás, no es un producto.

Nuestro análisis

Nuestras abuelas tenían botiquín y sabían usarlo. Sabían limpiar una herida, vendar un tobillo, distinguir la fiebre que se pasa en casa de la que se lleva al médico. No era ciencia infusa: era una responsabilidad que cada casa asumía como propia. En dos generaciones hemos delegado hasta la quemadura de la sartén, y esa comodidad tiene un precio que se paga el peor día del año: familias enteras incapaces de parar una hemorragia con el material a tres metros.

Que nadie nos malinterprete: como dijimos en nuestro criterio previsor, no somos alarmistas ni esperamos ningún apocalipsis para el martes. Esto es prudencia elemental, la de siempre, la del padre que revisa las ruedas antes del viaje largo. Un hombre que conserva la calma y sabe qué hacer en los cinco peores minutos de un mal día vale por dos, y su familia lo sabe.

El mercado, mientras tanto, vive de la mala conciencia: maletines de nailon con su cruz blanca, muy resultones en la estantería, que traen doce tiritas, una venda de juguete y unas tijeras que no cortan ni el celofán. Se compran para tranquilizar, no para servir, y lo peor es que funcionan: uno lo compra y se olvida del asunto, que es exactamente lo contrario de estar preparado.

La diligencia es madre de la buena ventura, y la pereza, su contraria, jamás llegó al término que pide un buen deseo.

— Miguel de Cervantes, Don Quijote de la Mancha, primera parte, cap. XLVI

Diligencia, pues. Vamos a lo concreto.

Contenido de un botiquín dispuesto sobre fondo blanco: vendas, guantes, mascarilla, tijeras, esparadrapo y comprimidos

Lo que te recomendamos

Lo primero, la advertencia: no compres el primer maletín que te salga al paso. Los kits genéricos pecan por defecto y por exceso a la vez: poca cantidad de lo que sí se gasta, relleno que no usarás jamás, calidad media-baja y a veces caducidades ya al borde. Y, sobre todo, no saben nada de tu casa: no es lo mismo un piso con tres niños que un chalet con chimenea, huerto y perro.

Esto es lo que debe contener un botiquín completo para una familia con hijos, con la referencia que tienes que pedir, las cantidades y el plazo orientativo de renovación. Montarlo pieza a pieza sale por menos de 200 €, la mayor parte del material dura años, y a cambio sabes exactamente qué tienes y de qué calidad:

CategoríaProductoReferenciaCantidadRenovación
Material de curasGasas estérilesHartmann2 cajas (20 uds.)6 meses
Vendas elásticas3M Coban3 rollos (anchos distintos)1 año
Esparadrapo hipoalergénicoLeukoplast2 rollos1 año
Tiritas surtidasHansaplast Universal2 cajas1 año
Vendaje israelíPerSys Medical1 unidad2 años
Tijeras de aceroAesculap1 unidad5 años
Pinzas de aceroAesculap1 unidad5 años
Guantes de nitriloSemperguard1 caja (100 uds.)2 años
Medicamentos básicosParacetamol adultos1 g, comprimidos1 caja1 año
Paracetamol niños100 mg/ml, solución oral1 frasco1 año
Ibuprofeno adultos400 mg, comprimidos1 caja1 año
Ibuprofeno niños20 o 40 mg/ml, suspensión oral1 frasco1 año
Antihistamínico oralEl que te indique tu farmacéutico1 caja1 año
AntisépticosPovidona yodadaSolución cutánea al 10 %1 bote 125 ml1 año
Suero fisiológicoCloruro sódico 0,9 %, monodosis10 monodosis2 años
Agua oxigenadaPeróxido de hidrógeno 3 %1 bote 250 ml1 año
EspecíficosTermómetro digitalOmron1 unidad5 años
Pomada cicatrizantePara quemaduras leves y rozaduras1 tubo1 año
Gel frío/calor3M Nexcare2 unidades2 años
Suero oralSales de rehidratación, sobres2 sobres1 año

Habrás notado que en el material damos marca y en los medicamentos no. Es deliberado, y conviene explicar por qué. Una tijera es una tijera y su acero se ve; un medicamento es su principio activo, y la marca que hay detrás del mismo paracetamol cambia de farmacia en farmacia y de año en año. Pide el principio activo y deja que el farmacéutico elija la caja: es quien sabe qué tiene en el mostrador y qué le conviene a tu casa. Lee el prospecto antes de usar nada y pregúntale ante la menor duda —dosis infantiles, embarazo, tratamientos que ya se están tomando—, y no te fíes del parecido de los envases: hay presentaciones casi idénticas de un mismo medicamento en las que una se despacha libremente y la otra exige receta. La pomada cicatrizante, en particular, suele estar contraindicada en niños: esa es exactamente la clase de detalle que viene en el prospecto y que ninguna tabla puede sustituir.

Si prefieres empezar con uno ya montado, la decisión es razonable: lo importante es empezar hoy. Como base de casa, nuestra elección es alemana:

Para lo grave hace falta otra cosa, y aquí va una advertencia de la casa antes que ningún producto: con un torniquete hay que mirar muy bien a quién se le compra. Los grandes marketplaces están inundados de torniquetes CAT falsificados que se parten en plena emergencia, con el molinete que se quiebra en la mano o la hebilla que cede, y los distribuidores especializados llevan años documentándolo. Hemos buscado un kit completo de marca seria en los grandes almacenes digitales y no lo hay; por eso, excepcionalmente, esta recomendación sale de una tienda especializada española:

Y ahora la compra más importante de esta página, que no es un producto:

Dos advertencias sobre todo lo anterior, y cerramos. La primera: el material sanitario debe llevar marcado CE —compruébalo en el envase, y desconfía de lo que no lo traiga o lo traiga borroso, que es la firma habitual de la falsificación—. La segunda: nada de esto sustituye al 112 ni a un médico. Un torniquete mal colocado hace daño, un vendaje compresivo mal puesto también, y un antiséptico no cierra una herida que necesitaba puntos. Por eso la recomendación más importante de esta página es el curso y no el maletín.

Más vale prevenir que curar, dice el refrán; nosotros añadimos que más vale saber curar, por si el mal día llega de todos modos. Que no llegue nunca, querido lector; y si llega, que te encuentre con el botiquín lleno y el pulso firme.

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Frascos antiguos de botica con sus etiquetas originales tras el cristal de una vitrina