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Reloj de buceo automático de esfera negra, bisel giratorio y correa de caucho, apoyado sobre la grava del fondo entre plantas acuáticas

Relojes

Un reloj para el verano: el que aguanta de la piscina a la terraza

Uno solo, y que no haya que quitárselo

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Asómate al borde de cualquier piscina de España en agosto. Ahí están, encima de las toallas, con las gafas de sol y las llaves del coche: los relojes. Todos fuera. Su dueño se lo quita antes de entrar al agua igual que se descalza, y luego se pasa la tarde girando la cabeza cada diez minutos para comprobar que sigue donde lo dejó.

Ese gesto tan aprendido es en realidad una confesión: el reloj está mal elegido. Quien tiene que desnudarse de su reloj para vivir el verano no tiene un reloj de verano, tiene un adorno que le da miedo mojar. Y de paso se pierde lo único que un mecánico pide para ganarse el sueldo, que es acompañarte a todas partes.

En LauroClub creemos que el verano no necesita un reloj más, sino uno que no haya que quitarse: de la piscina a la playa, del paseo marítimo al aperitivo de las diez, sin cambiar de muñeca ni de conversación. Vamos a ver cómo se reconoce.

Reloj de buceo automático de esfera negra y bisel giratorio, con la leyenda «Water Resist 200m» en la esfera, sobre correa de tela

Lo que tienes que saber sobre los relojes de verano

Empecemos por la mentira más extendida de la relojería, que además la llevas escrita en la esfera: los metros no son metros.

Cuando un reloj rotula «50 m» no está prometiendo que puedas bajar cincuenta metros con él. Está diciendo que superó un ensayo de laboratorio a la presión estática equivalente a esa columna de agua, con el reloj nuevo, quieto y a temperatura constante. Es la norma ISO 22810, la de los relojes resistentes al agua de uso corriente. El problema salta a la vista: en el agua nadie está nuevo, ni quieto, ni a temperatura constante. Nadando, el simple impulso del brazo genera picos de presión muy por encima de la estática, y mientras tanto las juntas de caucho van envejeciendo, resecándose y aplastándose un poco cada año.

De ahí sale la escala honrada, que conviene aprenderse de una vez:

  1. 30 metros (3 ATM). Salpicaduras y lavarse las manos. Ni piscina ni ducha. Casi todos los relojes de vestir están aquí, y por eso el reloj de vestir es el peor compañero de agosto.
  2. 50 metros (5 ATM). Un chapuzón sin consecuencias y poco más. No es un reloj para nadar, aunque medio país lo use así.
  3. 100 metros (10 ATM). El primer escalón serio. Aquí sí puedes nadar, tirarte a la piscina y salir del mar sin pensar en ello. Es el suelo que esta casa considera aceptable para el verano.
  4. 200 metros (20 ATM) o más. El reloj de buceo de verdad, donde ya no queda ninguna duda razonable. Es lo que querrás si tu agosto incluye mar, barca o críos que empujan.

Y hay una categoría aparte, que es la que de verdad importa: el reloj de buceo homologado. La norma ISO 6425 es bastante más exigente que la anterior y solo deja rotular «DIVER’S» a los relojes que la cumplen. Pide, entre otras cosas, cien metros como mínimo, un sistema para medir el tiempo de inmersión (el bisel giratorio unidireccional) y que la esfera se lea en la oscuridad. Pero la diferencia decisiva es otra y casi nadie la cuenta: la norma corriente admite el control por muestreo; la de buceo obliga a ensayar cada pieza, una por una. No es que el modelo aguante: es que aguanta el tuyo.

La corona, o la puerta trasera por donde entra el agua

Puedes tener doscientos metros en la esfera y meter agua igual. El punto flaco de todo reloj es el agujero por donde entra el eje de la corona, y solo hay una solución seria: la corona de rosca, que se enrosca contra la caja y comprime la junta en vez de descansar sobre ella. Se reconoce enseguida, porque hay que desenroscarla girándola antes de poder dar cuerda o poner la hora.

La regla es tan simple como innegociable: la corona se enrosca siempre, y no se toca jamás con el reloj mojado. Ese es el error que se lleva por delante más relojes en agosto, y suele cometerse en el peor momento posible: cambiando la fecha con las manos chorreando al salir del agua.

Reloj de buceo de esfera negra y bisel giratorio montado sobre una correa de caucho naranja, con gotas de agua

Los tres enemigos que nadie te cuenta

El agua, en realidad, es el menor de los problemas. Un reloj honrado de cien metros se ríe de una piscina. Lo que lo mata es lo que viene con ella:

  • La crema solar. El gran destructor silencioso del verano. Sus aceites y filtros atacan el caucho de las correas y se van acumulando en las juntas, que poco a poco dejan de sellar como deben. Ponte la crema, deja que se absorba y ponte el reloj después. Nunca al revés.
  • El agua salada. No entra: corroe. Al secarse, la sal cristaliza en los intersticios del brazalete, en el dentado del bisel y alrededor de la corona, y ahí se queda royendo tranquilamente. El remedio cuesta treinta segundos: aclarar con agua dulce del grifo al volver de la playa y secar. La arena hace lo mismo por vía mecánica, lijando el cierre desde dentro.
  • El choque térmico. Un reloj que lleva dos horas al sol sobre una toalla puede pasar holgadamente de los cincuenta grados. Métele agua fría de golpe y el aire de dentro se contrae, se genera una depresión y las juntas trabajan justo en el sentido para el que no fueron pensadas. Si alguna vez has visto una esfera empañada por dentro, ya sabes de qué hablamos. Deja el reloj a la sombra y entra al agua con el brazo, no de bomba.

La correa manda más que el reloj

Aquí se gana o se pierde el verano, y es la parte más barata de resolver.

El cuero está descartado, y esto no admite discusión: absorbe el sudor, se empapa, se endurece al secarse, se agrieta y acaba oliendo a perro mojado. Un reloj perfectamente estanco con correa de piel es, en la práctica, un reloj que no puedes mojar. Las tres alternativas que sí funcionan:

  • Acero. Lo más duradero y lo más vestido. Se moja sin drama y se aclara bajo el grifo. A cambio pesa y se le mete arena entre los eslabones.
  • Caucho. Lo más práctico con diferencia: el agua le da igual, se seca al instante y con calor es lo más cómodo que hay. La correa del baño y de la barca.
  • Tela tipo NATO o perlon. Transpira, se seca en minutos, cuesta cuatro duros y pasa por debajo de la caja, así que si cede una asa el reloj no se va al fondo. De propina, le cambia la cara a la pieza.

Y ahí está el truco que resuelve un verano entero con un solo reloj: la liberación rápida. Los pasadores con pestaña dejan cambiar la correa en veinte segundos, sin herramientas y sin rayar las asas. Acero para la terraza, caucho para el agua. Un reloj, dos correas, y se acabó el problema.

Qué hace que un reloj sirva para las cuatro escenas

Un verano español no es una expedición. Es una piscina por la mañana, una playa por la tarde, un paseo marítimo al caer el sol y una terraza con la camisa de lino a las diez. El reloj que vale es el que no desentona en ninguna de las cuatro, y eso se reduce a tres cosas.

La medida, que entre 38 y 41 milímetros cabe bajo cualquier puño y sobre casi cualquier muñeca. La sobriedad, que es lo que separa un instrumento de un disfraz: esfera limpia, tres agujas, quizá la fecha, y nada de esferas caladas ni dorados de bazar. Y la legibilidad, que en verano no es una manía estética: un buen material luminiscente es lo que te deja ver la hora en una terraza a oscuras sin sacar el teléfono, que es exactamente el gesto que un reloj existe para ahorrarte.

Reloj de buceo de esfera negra e índices luminiscentes, sumergido en agua azul entre burbujas

Nuestro análisis

Ya lo dijimos en nuestro criterio relojero: rechazamos por igual la ostentación vacía y el reloj-gadget. El verano es donde esa doctrina se vuelve más práctica de lo que parece, porque es cuando el reloj queda a la vista, con la manga corta y la muñeca desnuda, y cuando más se nota la diferencia entre llevar una herramienta y llevar un colgante.

La industria de la moda lleva décadas vendiendo lo contrario: que el verano exige un reloj de verano, colorido y perecedero, que se compra en junio y se olvida en octubre. Es el armario de temporada aplicado a la muñeca, con idéntico resultado, que es un cajón lleno de cosas que no sirven. Nosotros defendemos justo lo de enfrente: el buen reloj de verano es un reloj de todo el año que además no le teme al agua. La prueba es que ninguno de los tres de abajo hay que guardar en septiembre.

Y hay una razón menos práctica y más de fondo. Un buen reloj de buceo es uno de los pocos objetos verdaderamente honrados que siguen a la venta: nació para una tarea concreta y cada cosa que lleva encima responde a un problema real de alguien real. El bisel gira en un solo sentido para que una distracción nunca te regale aire que no tienes. La corona se enrosca. Las agujas son gordas y brillan. No hay ni un gramo de adorno gratuito, y que además resulte elegante es la consecuencia, no el objetivo. En el fondo, ahí está toda nuestra idea del buen gusto.

Nuestras vidas son los ríos que van a dar en la mar, que es el morir.

— Jorge Manrique, Coplas a la muerte de su padre, III

El verso más famoso de nuestra lengua sobre el tiempo acabó, mira tú por dónde, en el mar. Y un reloj mecánico no es más que el aparato que hemos inventado para mirar ese río de frente sin apartar la vista. Llevarlo puesto al agua, en lugar de dejarlo languideciendo en la toalla, es una forma pequeña y nada solemne de estar de acuerdo con él. Vamos con los tres.

Reloj de buceo Seiko de esfera gris y bisel negro sobre brazalete de acero, junto a una linterna, sobre tela oscura

Lo que te recomendamos

Primero, lo que no. Huye del reloj de moda de treinta metros, que es la trampa mayoritaria: cuarzos con nombre de casa de ropa, monísimos en el escaparate, incapaces de entrar en una piscina y condenados a pasar el verano sobre una toalla. Huye del automático de bazar de bisel dorado y esfera calada, sin recambios ni relojero que quiera mirarlo. Y huye del reloj de vestir en agosto: correa de piel y treinta metros son exactamente las dos cosas que el verano castiga.

Nuestro trío, con la ficha de cada uno a la vista:

Orient KamasuSeiko Prospex TortugaTissot Seastar 1000
ReferenciaRA-AA0004E19BSRPE99K1T120.807.11.091.00
CalibreOrient F6922, automático y de cuerdaSeiko 4R36, automático y de cuerdaPowermatic 80
Reserva~40 h~41 h~80 h
Estanqueidad200 m200 m300 m
CristalZafiroHardlexZafiro
CoronaDe roscaDe roscaDe rosca
Caja41,8 mm45 mm, forma de cojín40 mm

Que este sea el último verano en que dejas el reloj encima de la toalla. Elige el tuyo, ponle el caucho y métete al agua con él puesto, que para eso está hecho. No hay mejor manera de estrenar una máquina que va a durarte más que la piscina.

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