
Zapatos de verano para hombre: ante de día, piel fina de noche, alpargata de asueto
De la mañana a la noche bien calzado, y ni una chancla en el asfalto
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¿Te has fijado alguna vez en los pies de una terraza en agosto? Arriba, camisas planchadas y relojes decentes; abajo, un museo del naufragio: chanclas de goma que aplauden a cada paso, zapatillas de plástico con suela de nube, sandalias de explorador que no han visto un sendero en su vida. Hombres enteros que se visten de cintura para arriba y se rinden de tobillo para abajo.
La rendición tiene su historia. A nuestros abuelos nadie les enseñó a ir descalzos: tenían un calzado para segar, otro para el domingo y unas alpargatas para lo demás, y con ese reparto pasaban veranos más duros que los nuestros. Ha hecho falta medio siglo de propaganda de la comodidad para convencernos de que vestir los pies en julio es un castigo.
En LauroClub pensamos lo contrario, y en esta pieza te dejamos el verano calzado con tres familias y un criterio: ante o serraje para el día, piel fina para la noche, alpargata para el asueto. Ni una chancla en la maleta, y el porqué de cada cosa.

Lo que tienes que saber del calzado de verano
Empecemos por el problema, que no es el calor sino el zapato de invierno en verano. La suela gruesa, la piel encerada y el forro completo que en enero te guardan del frío, en julio convierten el zapato en una olla exprés: el pie suda, la piel no ventila y el conjunto acaba pidiendo a gritos la excusa de la chancla. La respuesta del hombre con criterio no es descalzarse, es cambiar de materiales, que para eso existen. Tres familias resuelven el verano entero, y conviene conocerlas por su nombre.
La primera es la piel vuelta, que el español llama ante y también, con más precisión de curtidor, serraje. No son exactamente lo mismo, y la diferencia conviene sabérsela antes de pagar: el ante se obtiene trabajando la piel por su cara interna hasta sacarle ese tacto de melocotón, fino y uniforme; el serraje es la capa interior que queda al dividir la piel en dos, algo más tosco de pelo y, a cambio, más resistente al trote diario. Los dos comparten lo que aquí nos importa: superficie mate que no brilla al sol del mediodía, tacto seco y una informalidad elegante que la piel lisa no sabe dar. No todo el ante es igual, eso sí, y lo enseña como nadie Weston Kay, el analista americano que corta los zapatos por la mitad para ver de qué están hechos: el ante de batalla se corta del descarte interior de la piel, sin rastro de flor, y el de las zapatillas baratas va además maquillado con una capa de pigmento; el bueno parte de la piel entera con la flor apenas rebajada, como el que la tenería inglesa C.F. Stead sirve a las casas serias desde hace un siglo. En la mano se conoce: pelo corto, denso y uniforme. La doctrina clásica, todo hay que decirlo, tiene el ante por piel de entretiempo, y maestros como López-Galiacho lo sacan a pasear cuando ya descansan las alpargatas; nosotros defendemos el matiz español: en un mocasín ligero, sin forro y con suela flexible, la piel vuelta es el zapato de diario que el verano urbano estaba pidiendo. El zapato de ante con enjundia, el de cordones y suela seria para el traje de octubre, tendrá aquí su propio artículo cuando toque.
La segunda familia es la piel plena y fina de toda la vida: el becerro joven, el box-calf de flor intacta que los zapateros reservan para sus mejores hormas, la piel con la que se mide la categoría de un taller. En verano cambia el corte, no la nobleza: mocasines finos, sin forro o forrados de piel, con la suela delgada; hasta con traje, el mocasín va más fresco que el oxford, porque deja más pie al aire. Es el calzado de la noche por dos razones que se sostienen solas. La primera es de registro: la cena, la boda de julio y la terraza buena piden un brillo discreto que el ante no tiene. La segunda es de intendencia: el relente, el césped regado a traición y el chaparrón de tormenta perdonan a la flor lisa lo que no le perdonan a la piel vuelta, que bebe el agua como una esponja abierta; cuando el plan huele a humedad, la piel fina sale y el ante se queda en casa. Y si el agua te alcanza igual, no cunda el pánico: lo que mata la piel mojada es secarla con prisa junto a una fuente de calor; se deja secar al aire, se cepilla, y a otra cosa.
La tercera familia es nuestra, y con la mano en el pecho: la alpargata. En la cueva de los Murciélagos, en Albuñol, aparecieron sandalias de esparto con más de seis mil años, el calzado más antiguo que conserva Europa; la palabra «espardenya» ya estaba escrita en 1322, y con suela de cáñamo o de yute la alpargata calzó a los soldados españoles de las guerras carlistas, de África, de Cuba y de Filipinas. Lo que hoy venden los escaparates de medio mundo como capricho mediterráneo fue durante siglos la suela del labrador, del miliciano y del pescador de aquí. Las casas que la dignificaron siguen siendo españolas: Castañer cose en Gerona desde 1927, y cuentan la prensa del sector y las crónicas que Dalí paseaba las suyas por Cadaqués mientras Grace Kelly y Cary Grant compraban las mismas; Toni Pons cose desde 1946 y hoy calza a medio planeta desde la misma provincia; y en Barcelona, el taller de La Manual Alpargatera cose a mano en la calle Avinyó desde los años cuarenta, con un oficio que la prensa inglesa ha ido a retratar paso a paso. Comprarse unas alpargatas serias no es una concesión al verano, sino patrimonio recuperado. Hasta los ingleses se rinden: Simon Crompton, el cronista de la sastrería artesanal, escribe que las alpargatas «no son solo una mejora en elegancia: son la elegancia misma», y deja dicha la regla de oro de su cuidado: lejos del agua de mar, que endurece la cuerda y no la devuelve. Con ese único miramiento, a él un par le ha durado cinco veranos.

Con las tres familias presentadas, esto es lo que hay que mirar con el zapato en la mano, sea cual sea:
- Material declarado, y de verdad. Ante o serraje son piel, y la etiqueta debe decirlo; la palabra «ante» sobre microfibra de plástico es el equivalente calzado del «lino» con viscosa que ya te enseñamos a esquivar. En la alpargata, lona de algodón y suela de yute o esparto cosida; en la noche, piel plena, no «piel regenerada» ni charol de poliuretano.
- Suela fina y flexible. El verano se pisa ligero: goma discreta o cuero delgado en el mocasín, yute trenzado en la alpargata. La suela de tractor, esa de tacos negros que asoma dos dedos por fuera del zapato, es moda de temporada y peso muerto en agosto.
- Cuanto menos forro, mejor. El mocasín de verano bueno va sin forrar o forrado de piel; el forro textil sintético convierte el mejor corte en una bolsa de sudor. Si al meter la mano notas plástico, deja el zapato donde estaba.
- Cosido antes que pegado. El calzado que se puede coser se puede arreglar, y el que se pega se tira. En la alpargata el cosido de la suela se ve a simple vista, y es la firma del trabajo a mano; en el mocasín, busca la costura del antifaz y del contorno.
- La talla, con cabeza. El mocasín se compra ajustado sin dolor, porque la piel cede y el zapato que baila en la tienda acaba saliéndose en la calle; la alpargata, en su punto, porque la lona también da de sí. Y cada casa talla a su aire: lee las advertencias del fabricante antes de pedir.
Queda la cuestión del calcetín, que cada verano quema una tarde de discusión. La regla de la casa es sencilla: en la ciudad, calcetín fino de hilo, de algodón y a poder ser con gracia, que el verano lo admite; prescindir de él solo con el calzado que nació para ir a pie desnudo, el mocasín blando de suela de goma y la alpargata, y aun ahí con un invisible dentro si el roce o el decoro lo piden. Lo que no tiene defensa es el traje con los tobillos al aire, que ya desmontó el maestro aristócrata con toda la artillería.
En una tabla, para que no haya dudas a las ocho de la mañana:
| Ante o serraje | Piel fina | Alpargata | |
|---|---|---|---|
| Su momento | El día entero, de diario | La noche, la ocasión | El asueto: tarde, paseo, casa |
| Con qué | Chino, lino, vaquero honrado | Pantalón de vestir, traje de verano | Lino, bermuda digna, bañador seco |
| Calcetín | Fino de hilo, o invisible | Fino de hilo | Sin él, o invisible |
| Su enemigo | El chaparrón | El rayado del empedrado | El asfalto ardiendo y la lluvia |
Nuestro análisis
Lo dijimos con el armario de lino y lo mantenemos con el calzado: el calor no rebaja la categoría de un hombre, y el que va hecho un pincel de cintura para arriba y en chanclas de cintura para abajo no ha entendido que el conjunto se juzga entero, y se juzga por abajo primero. No es una manía nuestra: nuestro criterio en el vestir lleva por bandera vestirse por los pies, y esta pieza no hace más que cumplirlo para la estación que peor tratamos. El zapato es además la prenda que más trabaja: pisa, suda, roza y carga contigo; escatimar ahí es escatimar en los cimientos.
Hay quien objeta que tres familias de calzado para un solo verano son mucho armario. La cuenta dice lo contrario. El mocasín de serraje trabaja de lunes a domingo; la alpargata cuesta lo que dos rondas de chiringuito y dura veranos; y el mocasín de noche es de esas compras que se amortizan en décadas, porque la piel buena envejece mejorando y la horma clásica no caduca. Frente a eso, la rotación anual de zapatillas de moda sale cara y no viste nunca. A quien todavía dude le dejamos al maestro de todos, que ya lo tenía resuelto hace cuatro siglos:
Vístete bien, que un palo compuesto no parece palo: no digo que traigas dijes ni galas, ni que siendo juez te vistas como soldado, sino que te adornes con el hábito que tu oficio requiere, con tal que sea limpio y bien compuesto.
Limpio y bien compuesto: ni disfraz ni abandono. Vamos a ponerle nombres y apellidos, que es a lo que has venido.

Lo que te recomendamos
Primero, de qué huir. De la chancla de goma en el asfalto, que es calzado de ducha de camping y allí debe quedarse. Del náutico en la ciudad: como sentencia el decano de la elegancia española, su lugar está cerca del mar y no sobre el asfalto. Del «ante» de microfibra y del mocasín de «piel vegana» de poliuretano, que es plástico con pedigrí. Del mocasín con suela de tacos de tractor, que estará en las rebajas del año que viene enterito. Y de la zapatilla deportiva como comodín universal, que para correr es insustituible y para vestir no es nada.
Las cuatro piezas, cada una con su oficio y su ficha a la vista. Aviso de intendencia que nos honra más que nos duele: varias de estas casas no venden en los grandes escaparates de internet, así que el enlace va derecho a su tienda:
| Tallsem Denton | Berwick 8491 | Bexley Wembley | Emidio Tucci | |
|---|---|---|---|---|
| Su papel | El ante del diario, por encargo | El ante mayor, para años | La noche en becerro | La alpargata, en ante |
| Corte | Ante con forro bovino | Ante Superbuck (C.F. Stead) | Becerro italiano patinado | Ante, 100 % piel |
| Construcción y suela | Blake, suela de cuero | Goodyear, suela de cuero | Blake, suela y vira de cuero | Suela 100 % yute |
| Hecho en | Almansa, España | Almansa, España | Portugal | No lo declara |
Y una mención de honor sin botón de compra: La Manual Alpargatera, el taller de la calle Avinyó de Barcelona que vive del oficio desde los años cuarenta, solo vende en su propia casa; si pasas por Barcelona, la visita vale más que el par.
Te preguntarás por qué no hay náuticos ni sandalias en la lista. Por coherencia: el náutico ya tiene dicho dónde vive, y la sandalia de calidad existe, pero es calzado de sendero y de piscina, no de ciudad, y aquí recomendamos lo que defendemos. Tres familias, cuatro cajas de zapatos y ni un pie descalzado de junio a septiembre.
El hábito no hace al monje, pero al caballero lo anuncia, y los zapatos lo anuncian primero. Ya tienes el armario de lino y ya tienes las suelas; en próximas entregas subiremos al traje de verano y bajaremos, cuando el calendario lo mande, al zapato de ante serio del otoño. La casa, ya lo sabes, se construye por los cimientos; y los cimientos, esta vez, se calzan.
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