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Hombre con camisa de lino blanca y pantalón de lino color arena, junto a la orilla al atardecer

Moda

Empieza a construir un armario: el verano se viste de lino

Dos pantalones, tres camisas y ningún error

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¿Cuántas veces has abierto el armario de par en par y has murmurado que no tienes nada que ponerte? Y está lleno. Lleno de camisetas de propaganda, de bermudas de oferta, de prendas de temporada que costaron poco y valen menos. Veinte años comprando ropa y ni un solo conjunto del que estar orgulloso.

A la industria le conviene ese armario: comprando mucho y vistiendo mal, siempre vuelves a la tienda. Nosotros te proponemos lo contrario. Un armario, como una casa, se empieza por los cimientos: pocas piezas buenas que trabajen juntas.

En LauroClub vamos a levantar contigo esos cimientos, empezando por el verano, que es la estación que peor tratamos: dos pantalones y tres camisas, con el lino por bandera, que combinan entre sí sin pensar y te visten igual para el despacho, la terraza o la misa de doce.

Camisas de lino crudo en perchas de madera, con los cuellos en primer plano

Lo que tienes que saber sobre el armario de verano

A la ropa le pasa lo que a las herramientas: un cajón revuelto con cincuenta trastos vale menos que un banco con diez bien elegidos. La idea tiene nombre, armario cápsula, y los maestros del estilo llevan años predicándola. Antonio Centeno la llama armario intercambiable y ha llegado a sacar 256 conjuntos de 16 prendas; nosotros empezamos más abajo, y la cuenta ya sale sola: con dos pantalones y tres camisas que casen todas con todos sales vestido de seis maneras distintas. Añade el año que viene un tercer pantalón y son nueve. El dinero rinde en progresión; el montón de ropa, no.

El verano es el mejor sitio para empezar por dos razones. La primera, que es la estación más barata de resolver: sin chaqueta, sin corbata y sin capas, cada prenda se ve y cada prenda cuenta. La segunda, que es donde más hombres se rinden: los mismos que en enero visten con dignidad salen en julio a la calle en pantalón corto y camiseta, vestidos de excursión para ir a trabajar. Aquí no habrá ni lo uno ni lo otro: pantalón largo y camisa, y el calor se combate con el tejido, no con la retirada.

Ese tejido tiene tres mil años de hoja de servicios. El lino sale del tallo de una planta que se cultiva en Europa desde antes de que Roma fuera Roma; con él se amortajaban los faraones y con él segaban nuestros bisabuelos los agostos de España. La fibra es hueca y absorbe la humedad para soltarla enseguida al aire, así que la camisa no se te queda pegada a la espalda como el algodón ni te envuelve en tu propio sudor como el poliéster. Al tacto es seca y fresca; con los lavados no se degrada, se ablanda y gana caída. Una prenda de lino bien comprada no se sustituye: se hereda de un verano al siguiente.

Hablemos de la arruga, que es el peaje y a la vez la firma. El lino se arruga, hoy y siempre, y no hay que pedirle perdón a nadie: la arruga fina y viva del lino con cuerpo es parte de su elegancia, como la pátina en la piel buena. La que sí delata es la del lino ralo, que no se arruga sino que se abolsa. Plancha ligera al tender, percha decente, y el resto del día se lleva con la cabeza alta.

Primer plano de una camisa de lino blanco con raya finísima, con las mangas vueltas, a la luz del sol

Con la percha delante, lo que hay que mirar cabe en cinco palabras:

  1. Composición: 100 % lino, y sin excepciones. En esta casa no recomendamos mezclas, y el motivo es sencillo: la mezcla se vende con el nombre y el precio del lino y se comporta como el algodón, que es justo la frescura que has venido a comprar. Aquí hay que fijarse, porque el sector juega al despiste: muchas camisas de raya fina que parecen de lino son en realidad algodón con un tercio de lino, y la etiqueta lo dice en letra pequeña. Y la trampa mayor es la prenda que anuncia «lino» en grande y confiesa abajo un 15 % con viscosa: eso es pagar el nombre de la fibra sin llevarte la fibra. Da la vuelta a la etiqueta antes de pagar; si no pone 100 % lino, no es la prenda de este artículo.
  2. Grosor: aquí se juega la compra entera. El lino barato se hila fino y se teje ralo para ahorrar fibra, y el resultado transluce: camisa que enseña el pecho, pantalón que marca la ropa interior. La prueba es de párvulos: ponla al trasluz, y si ves la mano al otro lado con nitidez, no es prenda de calle. El tejido denso cae a plomo, disimula la arruga gruesa y dura decenios.
  3. Cuello y puño: cuello clásico con entretela, que se sostenga abierto sin corbata en vez de desmayarse sobre la clavícula; puño sencillo de botón. El puño doble para gemelos déjaselo a la camisa de traje: aquí sobra ceremonia y falta verano.
  4. Corte del pantalón: de vestir, liso o con pinzas, tiro medio o alto y pernera recta con caída. Cierre de botón o cremallera y trabillas para el cinturón. Nada de cargos, nada de bajos elásticos y nada de cordones en la cintura, que convierten un pantalón en un pijama caro.
  5. Talla: la camisa es la prenda donde la medida más se nota, porque cuello, hombro y largo de manga no perdonan. La camisería a medida ha bajado del olimpo con los talleres online que cortan sobre tus medidas; y hay un término medio excelente, el casi a medida de las casas camiseras serias, que tallan por cuello con varios largos y cortes. Si una marca te sienta como si te hubieran medido, esa es tu marca: la mejor compra calidad-precio que existe.

Queda el color, y en los cimientos no se experimenta. Pantalones: un azul marino y un marrón, con la claridad a tu gusto, del chocolate al beige arena. Camisas: la primera, blanca lisa, que es la que nunca falla. La segunda, blanca con una raya azul finísima, de esas que a dos pasos siguen leyéndose como una camisa blanca. Y la tercera, en tono arena con la raya fina, que es la versión cálida de la misma idea. Cada una recoge el color de uno de los pantalones, y por eso las tres van con los dos sin que tengas que pensarlo:

Pantalón azul marino Pantalón marrón o arena
Blanca lisa De diario y de domingo La combinación del verano
Blanca de raya azul Tono sobre tono, sobrio Contraste fresco, muy elegante
Arena de raya fina El clásico marinero Terroso, para la tarde
Detalle de una camisa de lino de raya azul sobre blanco, con la manga vuelta sobre el antebrazo

Seis conjuntos, cero decisiones a las ocho de la mañana. Con la camisa arremangada y el cuello abierto vas informal; con las mangas bajadas y el pantalón planchado entras en una reunión. Ese es el truco del corte formal: la misma prenda sube y baja de registro, cosa que ninguna camiseta hará jamás por ti.

Una advertencia antes de que hagas la lista de la compra: dos pantalones y tres camisas son el mínimo indispensable, el suelo por debajo del cual no hay armario que valga. Si el bolsillo lo permite, duplica; y si no lo permite todavía, ve duplicando poco a poco, que para eso los colores son siempre los mismos. La razón no es el capricho, es la plancha. El lino se arruga con mirarlo, y una camisa de lino da para un día, rara vez para dos; en pleno agosto, con tres camisas estás lavando y planchando cada tres días sin falta, y una semana complicada te deja en cuadro. Con seis camisas y cuatro pantalones el mismo armario respira: espacias los lavados, cada prenda descansa entre postura y postura, que es como el lino se conserva bien, y dejas de vivir pendiente de la tabla de planchar. Menos modelos y más repuestos: esa es la aritmética del hombre bien vestido.

Nuestro análisis

Digamos claro lo que pensamos: el calor no rebaja la categoría de un hombre. El pantalón corto es prenda honrada en la playa, en la piscina y en el monte; en la ciudad, pasados los treinta, es un disfraz de niño grande. Y la camiseta es ropa interior que un día salió a la calle y ya nadie se atrevió a mandarla de vuelta. No hace falta sermón, basta mirar una terraza en agosto: el hombre de camisa de lino y pantalón claro va más fresco, más cómodo y mejor vestido que su vecino en bermudas, y no ha pagado lo uno con lo otro.

Tampoco es invento de estilistas. Antes del aire acondicionado, nuestros mayores trillaban y paseaban los veranos de España en camisa, y el tejido que hoy se vende como capricho mediterráneo fue durante siglos la respuesta del labrador y del señor al mismo sol. «El bruto se cubre; el rico o el necio, se adornan; el hombre elegante se viste», dejó escrito Balzac en su Tratado de la vida elegante de 1830. Vestirse, en ese sentido exacto, es lo que aquí proponemos: ni taparse de cualquier manera ni adornarse de logotipos.

Queda la objeción del precio, y conviene responderla con la cuenta entera. Cinco prendas buenas cuestan hoy más que cinco malas; pero las malas se recompran cada año y las buenas se amortizan durante décadas ganando con cada lavado. Y el armario cápsula paga un dividendo que no sale en la etiqueta: te devuelve las mañanas. Todo combina con todo, así que aciertas sin pensar, y la elegancia que defendemos es justo la que no se nota:

Un hombre debería dar la impresión de haber comprado su ropa con inteligencia, habérsela puesto con cuidado, y haberse olvidado luego de ella por completo.

— Hardy Amies, ABC of Men's Fashion, 1964

Comprar con inteligencia es justamente lo que viene ahora.

Camisa de lino blanca lisa y camisa de lino blanca de raya azul fina, colgadas a contraluz

Lo que te recomendamos

Primero, de qué huir. De la camisa de «lino» que es viscosa con propina, como ya sabes. De la de raya que resulta ser algodón con un tercio de lino, que es el disfraz más extendido del verano. De cualquier prenda que transluzca al escaparate, por bonito que sea el precio. Del pantalón de playa con cordón que las tiendas disfrazan de elegancia estival. Y del espejismo contrario, la camisa de traje reciclada para el verano: puño doble, cuello rígido de corbata y un algodón fino que a las once de la mañana ya es una sauna con botones.

Las cuatro prendas, todas en lino puro, con la ficha de cada una a la vista:

GANT Uniqlo raya azul Uniqlo arena Hackett Delave
Prenda Camisa blanca lisa Camisa de raya Camisa de raya Pantalón (dos colores)
Composición 100 % lino 100 % lino 100 % lino 100 % lino
Cuello / corte Abotonado, regular Clásico, regular Clásico, regular Sastrería, pernera recta
Fibra European Flax European Flax European Flax Delavé, tejido italiano

Sobre el a medida, que es el escalón siguiente, una advertencia de la casa. La camisería a medida en línea sienta como ninguna talla sentará jamás, y en verano, sin chaqueta que disimule, eso se nota desde la otra acera; pero cuando fuimos a mirar muestrarios nos encontramos con que buena parte de sus «linos» son en realidad mezclas de lino y algodón. Si das el paso, y merece la pena darlo, exige la composición por escrito antes de encargar y no te conformes con menos de lo que pedimos aquí. Le dedicaremos su propio artículo cuando tengamos el muestrario en la mano.

El hábito no hace al monje, pero al caballero lo anuncia. Con dos pantalones y tres camisas tienes el verano resuelto y la base del armario puesta; en las próximas entregas bajaremos a los zapatos de caballero para esta estación y subiremos al traje de ocasión, el de bodas y domingos. La casa, ya lo sabes, se empieza por los cimientos; bienvenido a la obra.

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Hombre con camisa de lino blanca de mangas vueltas, de pie sobre un puente ante un jardín de montaña